Características del suelo y clima

Olivares Salteños está ubicado en la latitud 31º20’, a doce kilómetros de la ciudad de Salto y a seis kilómetros del lago de la represa de Salto Grande.

 La zona está integrada a la franja propicia para el cultivo de olivos en el hemisferio sur y los mas de quinientos kilómetros que nos separan del mar, hacen que este microclima sea del tipo mediterráneo continentalizado. Este microclima se caracteriza por una gran amplitud térmica entre el día y la noche, alta radiación solar, veranos secos y calurosos e inviernos fríos con numerosas heladas.

El mar es un gran moderador de temperaturas. Por eso, el estar lejos genera mayor amplitud termica, con altas temperaturas durante el dia y bajas en la noche. Durante el invierno, las frías temperaturas, acompañadas a la falta de humedad y de nubes, favorece la irradiación de calor del aire y hace que las heladas sean frecuentes. Mientras que durante el verano, época de maduración de las aceitunas, es la estación más seca. Es común que se den sequías y que la temperatura trepe con insistencia hasta los treinta y cinco y ocasionalmente hasta los cuarenta grados, para luego durante la noche, descender a menos de veinte. La sequía genera un estrés hídrico en la planta, que acompañado a la alta temperatura y la alta radiación solar, hace que nuestras aceitunas produzcan mayor cantidad de antioxidantes con el fin de sobrevivir. Estos antioxidantes, llamados polifenoles, son conservados en el aceite gracias al especial cuidado que ponemos en el proceso de recolección del fruto, la extracción de su aceite y su posterior conservación. De esta manera es que logramos un producto con excelentes cualidades organolépticas y con un cuerpo y sabor irreprochable. El brusco descenso de temperatura que produce la noche, le permite a nuestros olivares un merecido descanso, y es la ocasión para reponerse del gasto de energía insumido durante el día.

Otro de los beneficios de estar lejos de la corriente oceánica, se traduce en salud para las plantas y el entorno. La excesiva y permanente humedad en el aire que genera el océano, no es amiga de un cultivo originario de un clima tan seco como el mediterráneo. Esto genera en la planta enfermedades, mayoritariamente hongos, que requieren el uso de agroquímicos para su eliminación. Gracias a nuestra ubicación, es que podemos minimizar el uso de estos fungicidas que dañan sensiblemente el ecosistema y la calidad del aceite.

También debido a la sequedad del aire, es que los rayos solares llegan con mayor intensidad a las hojas y aceitunas de nuestros olivos. Esta energía solar, sin la barrera invisible del agua en el aire, favorece el crecimiento y rendimiento de las plantas y de sus frutos. Cabe destacar que el olivo es un árbol que necesita alrededor de 2800 horas de sol por año. En esta región del país es donde se registra la mayor insolación media anual siendo esta más de 2600 horas.

Con respecto al suelo, la buena profundidad y su textura arenosa, permiten un correcto drenaje así como una buena aireación para el libre crecimiento de las raíces de nuestros árboles. Esto contribuye a un crecimiento más veloz del árbol y favorece su salud.

La calidad del aceite nace en el olivar. Sin buenas aceitunas, jamás obtendremos un aceite de oliva de nivel superior. La privilegiada localización de nuestro cultivo nos ha permitido cosechar frutos que superaron nuestras expectativas, no sólo por su calidad, sino también por la cantidad. Gracias a ello, pudimos invertir en procesos y tecnologías de última generación, apta para la producción de un aceite de oliva de primerísima calidad mundial; digno de nuestras esperanzas, y sobre todo, de nuestra tierra.