Historia del lugar

Hace más de cien años que el olivo se siente cómodo en el departamento de Salto. Todo comenzó con Don Pascual Harriague, un inmigrante vasco francés, visionario, y apasionado por el arte del vino y el aceite. No necesitó más que su percepción para darse cuenta que en Salto, había zonas que destacaban por sus cualidades para la siembra de vides y olivares. Fue él, quien en 1870, plantó las primeras vides de cepa Tannat en la zona de la cuenca del Daymán, departamento de Salto. Hoy la cepa es reconocida como aquella que desarrolla mejor su personalidad y es gran responsable del prestigio internacional del vino uruguayo. Don Harriegue, satisfecho con los resultados de las vides, pocos años más tarde introdujo el cultivo del olivo. Hoy en día, luego de años de mediciones a lo largo y ancho del país, y de la mano de tecnologías satelitales, le damos la razón a la intuición. 

A partir de la incorporación del olivo en la región, varios productores de la zona se sumaron a la iniciativa. Los hermanos Bohiani y Solari, así como Urreta, fueron pioneros y tuvieron de las primeras almazaras de Uruguay, ambas en la ciudad de Salto. En 1955 el establecimiento Los Olivos, ubicado al norte de Paysandú próximo a Salto, comenzó con la producción continua de aceite puro de oliva. Fue la primera almazara de América Latina en hacerlo bajo esta modalidad, y aún hasta hoy sigue funcionando.

Sobre la década del sesenta, una alta demanda de cítricos y su respectiva alza en los precios, junto con la popularización de los aceites derivados de granos, aplastaron la rentabilidad del negocio. Las almazaras cerraron, y miles de árboles se talaron para dar paso a las gigantes citrícolas, que también supieron disfrutar de la privilegiada ecuación entre clima y suelo que ostenta esta región de Salto. 

A fines de esta misma década, investigaciones científicas concluyeron que la longevidad dependía de una dieta basada en alimentos naturales y saludables, donde el aceite de oliva ocupa un lugar preponderante. Es así, que en el año 2004 dos familias amigas fundamos Olivares Salteños para continuar con la herencia de nuestros antepasados y ofrecerle al mundo un aceite de oliva de máxima calidad. Hoy, la calidad de nuestro aceite es quien nos guía, madre de nuestras esperanzas y testigo del rico pasado.